jueves, 9 de mayo de 2013

'Tiempo.'

Diana no se lo cree, nunca habían discutido así. A pesar de que Juan se ha pasado de la raya, ella ha dicho cosas que debería haberse callado. Estan los dos en su casa sentados frente al ordenador, mirando la pantalla esperando que el otro hable, pero ninguno parece querer tomar la iniciativa. La pelea que han tenido hace unos minutos atrás en casa de Juan ha sido exagerada, y ha obligado a Diana a volver a su casa dos días antes de lo previsto. Al final parece que Juan decide dar el paso: "Tenemos que hablar". Diana puede ver cómo el chat del ordenador le avisa de que alguien le ha escrito, por la foto de perfil puede comprobar que es Juan quien le habla. No sabe qué contestar, ha sido soso y directo, así que ella seguirá el mismo camino: "Y tanto...". Juan lee lo que su novia le ha escrito, y decide ser un poco menos seco esta vez, para no tensar más las cosas: "¿Cuándo te parece un buen momento?". Ella lee, parece que Juan ha pensado y reflexionado, pero quiere hacerle ver lo que ha pasado, así que no cambia su mala forma de contestar: "No lo sé, de no ser por ti, seguiría ahí, y podríamos hablar". A Juan no parece molestarle, de hecho sonríe, aunque estén peleados él ama a su novia y le encanta hacerla enfadar, para variar un poco va a tener que insistirle si quiere arreglar las cosas. "Lo sé, y lo siento. Por eso quiero hablarlo, y pedirte perdón, pero no por chat, nunca me ha gustado eso". Diana lee, está molesta así que no puede caer tan fácil, pero empieza a sentir lástima por su novio y deja de lado su orgullo: "¿Quieres que vaya y lo hablamos, o vienes tú?", "Voy yo, así no tienes que moverte". Juan sabe que a ella le encantan esos detalles, el hacer las cosas él para evitar que Diana tenga que hacer esfuerzo alguno, y cosas de ese estilo, va por buen camino. Se despiden no muy cariñosamente, con un simple 'Hasta ahora'. Juan coge la moto y se dirige hacia casa de Diana, son apenas tres minutos de camino. 
La chica cierra el chat, apaga el ordenador, y se tumba en la cama. Le duele pensar todas las cosas que se han dicho, comienza a plantearse si Juan es el chico de su vida, y si lo es, se pregunta cómo les irá de aquí a unos años, llevan ya casi dos de relación seria. Los dos conocen a los padres del otro y las familias se conocen entre sí, hay muy buen ambiente, pero las dos son muy diferentes. La familia de Diana siempre ha sido muy estricta con los estudios y son una familia de mucho dinero, en cambio Juan y su familia andan justos.
Suena el timbre, Juan ya ha llegado. Diana baja despacio, quiere hacerle esperar. Abre la puerta y encuentra a Juan con el casco de la moto puesto aún en la cabeza.
- Vamos - Dice Juan.
- ¿A dónde? - Diana no acaba de entender.
- No lo sé ni yo.
Diana coge las llaves, el móvil, y se sube a la moto junto a Juan. Arrancan, Diana no sabe dónde le está llevando su novio, ni Juan sabe dónde llevarla. Se deja guiar por el corazón, el viento, y entre callejones y otros, acaban en un precioso mirador que da al mar, junto a él hay un pequeño acantilado. Se sientan en un banco, Diana ha pensado durante el trayecto que ama con todo su corazón a Juan, pero que no puede permitirse peleas de semejante grado tan pronto, si a los dos años juntos pelean así, no quiere imaginarse a qué extremos podrían llegar dentro de unos dos más. Pero necesita pensarlo mejor y más detenidamente, así que la decisión que ha tomado es pedirle un tiempo a su novio. 
- Tenemos que hablar - Juan le mira preocupado -. He pensado... Y...
- Antes de que digas nada, quiero que sepas un par de cosas - Los ojos de Juan se están humedeciendo -. Quiero que sepas que nunca había querido tanto a una chica, que he compartido contigo lo más íntimo de mi vida, y que quiero pasar el resto de mis días contigo. Sé que es pronto, pero yo lo tengo claro, la chica de mi vida, eres tú - Al final, una lágrima resbala por la mejilla de Juan.
- Cariño, te prometo que pienso exactamente lo mismo, pero necesito tiempo para pensar...
A Juan se le rompe el corazón, deja caer todas las lágrimas que se ha guardado hasta ahora, ya le da igual parecer un chico demasiado sensible, en esta ocasión no le da vergüenza mostrar sus verdaderos sentimientos. Diana no sabe qué hacer, no puede permitir que un par de lágrimas consigan hacerle cambiar de opinión. 
- Lo siento Juan, pero lo necesito. - Se levanta, le da un suave beso en la mejilla y se dirige hacia casa, cogerá el bus.
Entonces Juan, destrozado, abre su mochila, se seca las lágrimas con la manga de su sudadera, saca la navaja del bolsillo pequeño, y susurra para sí mismo: "Lo siento", y sin pensarlo dos veces, clava la navaja en su pecho. Grita, le duele el alma, todo, pero qué mas da, él ya no es nadie sin Diana a su lado. Grita, y puede ver, con dificultad, que Diana se gira y corre hacia él, pero es demasiado tarde. La sangre abunda, en el suelo, en la navaja, en las manos y en el pecho de Juan... Diana grita desesperada, no sabe que hacer. Nervios, desesperación. ¡Su novio! ¡Joder, su novio se acaba de suicidar y es por su culpa! Llora, no había llorado tanto en toda su vida. Coge las manos de su novio y las besa, llorando, gritando "No, por favor Juan..." El esfuerzo es inútil, los gritos de Juan cesan y Diana deja de sentir los latidos de su corazón. Sujeta su cabeza por la nuca, y lo abraza. ¿Qué ha hecho? Ha perdido lo que más quería en este mundo. Alguien oye sus gritos pidiendo urgentemente una ambulancia y no tarda en llegar, pero a pesar de la prisa que se han dado, Juan ha muerto. No hay cura alguna. Lo tapan con una manta, lo suben en una camilla, y lo meten en una ambulancia. Diana no está en condiciones de responder a ningún tipo de preguntas, está histérica; no deja de gritar, llorar, y apretar las manos contra su cabeza. El sentimiento de culpa es inevitable, y es que ahora se da cuenta de que él era el chico de su vida, y que cuando amas de verdad a una persona, no necesitas tiempo para pensar, ni mucho menos espacio para extrañar...